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Opinión

La impunidad mata la confianza en el Estado y la esperanza de un pueblo que no tiene justicia

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Foto: Youtube/ Radio Turquesa/ Leer y difundir

“Saetas al viento”

Omar Bustani

Impunidad, del vocablo latino impunitas, es un término que se refiere a la falta de castigo; castigo es la pena que se impone a aquella persona que ha cometido una falta o un delito. Cuando hay impunidad, quien viola la ley no recibe la pena que le corresponde por su acción.

Cuando se habla de delito (del fuero común o federal) encontramos dos principales actores: 1) víctima del delito y 2) victimario o delincuente, la primera figura es la que sufre la ofensa, el agravio, la pérdida o el daño; la segunda figura es quien provoca los males a la víctima o víctimas. Hablamos por ejemplo desde el robo hasta crímenes de lesa humanidad, pasando por tantas variantes que atentan contra los derechos fundamentales y las garantías de cualquier persona que sea víctima del delito.

Puede entenderse la impunidad como la evasión o el escape de la sanción que implica una falta o un delito, suele asociarse a “algunos” políticos, empresarios, artistas, deportistas que utilizan su fuero, poder económico y sus relaciones personales para situarse por encima de la ley.

Por lo general, los delitos que quedan impunes causan frustración, aunado a la sensación de impotencia en las víctimas y en la opinión pública. Esto ocurre especialmente en los crímenes que no logran resolverse, ya sea por cínica corrupción, errores u omisiones por parte del Estado en el debido proceso penal, falta de interés por parte de las autoridades ante un delito que no sea de alto impacto social y mediático o que implique grandes capitales de por medio; no debemos olvidar que a veces se trata de pérdida de vidas humanas, grandes despojos, fraudes, desvío de recursos públicos, entre otros, todo ello en detrimento de millones de personas.

En México la impunidad es un fenómeno social de altas consecuencias, por un lado, demuestra con cientos de casos donde se ven implicados funcionarios y servidores públicos de todos los niveles, empresarios, artistas, deportistas, que el Estado no tiene la capacidad de tutelar eficientemente los derechos y garantías de las víctimas del delito, es decir, mantener el estado de derecho (cumplir y hacer cumplir las leyes).

Por otro lado, el impacto social que causa la impunidad altera la escala de valores sociales, resta credibilidad en las instituciones del Estado y genera actitudes que fomentan aún más la corrupción y la búsqueda de la consecuente impunidad.

¿Para qué denunciar si las autoridades no hacen nada?, la opinión social generalizada dice que mientras a los más privilegiados se les otorgan todas las atenuantes y la gracia, a los menos favorecidos se les aplica todo el peso y el rigor de la ley. Como si la justicia fuera exclusiva para los ricos y la injusticia fuera siempre para los pobres por leyes naturales y hereditarias y por eso se dice que «las cárceles están llenas de pobres y pendejos.»

Por eso la impunidad es un cáncer social y un arma de dominio social que enferma todo a su alrededor… ¡Es una deformada aspiración social de logro, ser impune y estar por encima de la ley es de personas muy chingonas!

Ojalá el Señor Presidente de la República y su gabinete tengan la oportunidad de devolver al pueblo mexicano la confianza en las instituciones del Estado encargadas de la procuración de justicia.

“Sin Justicia no hay paz” (consigna de las manifestaciones sociales en EEUU por cuestiones de odio, racismo y discriminación)

 

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