Claudio De la Llata
En la intensa actividad, enfocada a los actos reivindicatorios; se encuentra el rector de la Buap, Alfonso Esparza, tratando de lavar su imagen, creyendo que los eventos con apariciones públicas, se puedan catalogar y se deriven directamente en actos de transparencia; sino más bien son actos diversos, dedicados a generar condiciones para la opacidad, como una práctica en la falsa defensa de la autonomía de la Buap.
Pero no sólo eso le aqueja; o la orientación política de su vicerrector de extensión y difusión de la cultura, sino también su secretaría general, Guadalupe Grajales Porras, quien tiene un hijo brillante, hijo de Roberto Vélez Pliego, que es por cierto el director ejecutivo del centro de estudios Espinosa Yglesias, de nombre Roberto Vélez Grajales, cuyo mayor benefactor, es ni más ni menos que Claudio X. González.
Tales relaciones parecieran de entrada, no ser condenables de modo alguno, pero si muestran con perspicacia, que los vínculos con grupos, de suyo antagónicos con la burocracia que los lanzó a la calle hace décadas, ahora pudieran haber entrado con mayor facilidad, por medio del relajamiento, del establecimiento de los perfiles de quienes podrían pertenecer a la planta de trabajadores académicos y no académicos, de la máxima casa de estudios del estado, dan por resultado, que perfiles que tienen una vinculación con instituciones y grupos de la derecha, hoy por hoy, ocupen lugares estratégicos con base en la bondadosa pluralidad, que deriva en que la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, se ha convertido en un referente nacional, de burocracia universitaria, enrolada con grupos de poder, con ideas de derecha…
Pero tales hechos, analizándolos detenidamente dan una muestra de una escalada a la manipulación de los órganos de poder universitario, dirigida por Rafael Moreno Valle en su momento y solapada por Alfonso Esparza, con un solo objetivo, hacerse del control total de la Buap, sin disparar una sola bala, sino ir jubilando aceleradamente a la planta académica, para darle paso a una nueva generación laboral, más dócil y menos combativa, proveniente de universidades con una marcada tendencia derechista, e involucrar a través de parientes cercanos, a la planta docente con orígenes en la izquierda universitaria, con órganos de poder contrarios a la 4T, como el caso de Guadalupe Grajales Porras, que pese a tener un perfil proveniente del velesísimo rancio al interior de la Buap, su hijo sin en embargo, pertenece a un órgano recalcitrante de la derecha mexicana.
De todo lo anterior no han enterado oportunamente a Beatriz Gutiérrez Müller, que debería saber puesto que sería muy triste, que pudiera intentar defender una causa aparentemente legítima, cuando en realidad, lo que busca Alfonso Esparza es ganar tiempo y llegar a finales del 2021 bajo una protección, basada en un engaño, fingiendo tan sólo buscar una salida digna, cuando en realidad quiere lograr la permanencia necesaria, que le permita transitar sin fiscalización alguna en el gasto universitario de los fondos a su antojo y conveniencia; así como seguir utilizando a la comunidad estudiantil, para que sea inducida a operar electoralmente al mejor postor.